jueves, 12 de febrero de 2009

esquí: vídeos y equipamiento

Tras mucho tiempo sin actualizar, aquí estoy. Lo último que os conté fue mi reunión gastronómica-nutritiva, y tengo que deciros que todavía no he comida ni 1 vez el menú verde.

En cualquier caso, esta va a ser, como diría alguno de nuestros magníficos políticos, una entrada web 2.0, con foticos, vídeos y chorradicas.

La semana pasada estuve esquíando con Isa en Francia, en la estación Les Deux Alpes, y la verdad es que genial: un apartamento pequeño pero bien puesto, una pista magnífica y mucha tranquilidad. Podría poner fotos del apartamento pero creo que no os interesan demasiado, así que voy a poner algo mucho mejor: un vídeo de mí esquíando. ¿Qué puede haber mejor? Lo grabó Isa mientras bajaba en un huevo porque ella estaba un poco cansada y la pista era negra, aunque la verdad es que es más bien negra-roja.






Además, me he comprado equipamiento de esquíar nuevo que espero no tener que usar jamás: una pala, una sonda y un ARVA, todo ello para ser detectado si me entierra una avalancha o para detectar y sacar si son otros los enterrados.


Pala, ARVA y sonda


El ARVA se lleva siempre emitiendo y, si hay una avalancha, los que quedan fuera lo tienen que pasar a modo receptor. Estos de última generación te indican dirección, distancia y hasta constantes vitales de la persona enterrada, pero los antiguos funcioban solo a base de pitidos. Como he dicho, espero no tener que usarlo jamás.

martes, 20 de enero de 2009

Reunión gastronómica

Sí, queridos e impacientes lectores, el lunes tuve la sesión de información sobre el programa de 'Testeurs de Fourchette Verte' (probadores de 'fourchette verte', tenedor verde). Paso a relatarosla.

Llego a las 18:45 al edificio donde nos habían convocado. Una intensa lluvia riega la ciudad y mis pantalones, y una intensa meada pugna por salir de mí desde hace un buen rato.

Como he dicho, la reunión es en un edificio. En el rellano no hay baño; subo al tercer piso, donde es la reunión, y tampoco hay baño. Sigo las señales y veo que hay luz en una sala, el resto del piso parece muerto. Entro y veo a 6 ó 7 personas sentadas. Saludo, sonrío, y me fijo en que soy el único estudiante. Me da vergüenza preguntar donde está el baño y confío en que la reunión no dure lo estipulado (de 19:00 a 21:00). Poco a poco van llegando el resto de los asistentes y al final nos juntamos 13 ó 14 personas alrededor de la mesa, además de la mujer que va a impartir la sesión. En francés, claro.

Nos pide que digamos nuestro nombre, cómo encontramos el programa y por qué decidimos apuntarnos. Pienso que mi respuesta es obvia: me gusta comer. Además, sé decirlo en francés, con lo que me preparo la frase completa. Le llega el turno al primero de la mesa:

- Soy cocinero y me interesa la nutrición y mejorar mis conceptos de comida sana.

Jeje, pienso yo, este va de listo. Llega el segundo:

- Soy nutricionista y me parece interesante participar en este programa y conocer mejor la empresa Fourchette Verte..

Y llega el tercero (enfermero), y la cuarta (cocinera), y el quinto, y... me toca a mi, que hábilmente decido omitir mi genial frase y representar el papel de el-extranjero-que-no-habla-bien (¡este papel lo clavo!), limitándome a decir que encontré el programa en la universidad, emitir un par de titubeos y sonreír inocentemente. Funciona, y le paso el turno a otro buen hombre preocupado por su alimentación, a un dueño de un restaurante, a...

La charla comienza explicándonos que Fourchette Verte es una marca especializada en comedores de colegios, empresas o universidades, es decir en sitios donde la gente muy habitualmente come todos los días fuera de casa. En resumidas cuentas, para poder decir que un plato es Fourchette verte, este tiene que tener 3/6 de verdura/vegetal, 2/6 de hidratos de carbono y 1/6 de carne/pescado.

Y uso bien la expresión 'en resumidas cuentas' porque la mujer se pegó 1h30 hablándonos de la empresa y de nutrición, y lo peor -para mi y especialmente para mi pujante vegija- es que el resto se dedican a hacer preguntas y a mantener interesantísimos debates sobre aceites, huevos y demás chorradas que no te importan cuando TE ESTÁS MEANDO.

La nota positiva de la reunión es que entendí (casi) todo lo que dijo la mujer. A algunos de los asistentes no les entendía nada bien, pero la que impartía la charla hablaba muy claro.

En lo que respecta a mi trabajo en el programa, no es tan bonito como me lo había imaginado:

· Tengo que ir 4 veces a la misma cafetería de la universidad, cuando yo pensaba que podría ir a restaurantes por ahí.
· Tengo que pagar mi propia comida y a final de año me reembolsan 80 francos, 20 por cada comida. Cada uno de estos platos cuesta 9 francos, así que la ganancia total es (20-9)*4, es decir 44.
· Después de cada comida tengo que rellenar un cuestionario respondiendo si el restaurante cumple con las normas Fourchette Verte.
· ¿Quién quiere la mita de su plato lleno de verdura? :-) Porque aquí la verdura la cuecen y ya está, no te ponen sofrito con ajito y jamón ni nada por el estilo.



Salgo de la reunión y busco con ahínco mi tierra prometida, pero ninguna estrella en el horizonte me guía ni veo al mar abrirse ante mí, así que decido salir a la calle a ver si encuentro alguna señal que me indique el camino. Obviando el diluvio universal que cae sobre Lausanne, que no es una buena señal si tú no estás en el barco, cojo el metro y bajo hasta la parada de autobús, donde me toca esperar ¡20 minutos! Tras estos 20 minutos de espera y otros 10 de autobús, donde se me podría acusar de violar repetidas veces el 2º mandamiento, llego a casa y, ahora sí, el edén me levanta su tapa.

miércoles, 14 de enero de 2009

El trabajo de mis sueños

El miércoles 14 de enero conseguí mi trabajo soñado: cobrar por comer. Os cuento como fue.

Estoy esperando para coger la comida en una de las cafeterías de la universidad cuando leo en un cartel (traducción aproximada): "Se busca estudiante para probar nuevos platos. Remunerado, 20 francos por cada comida". Asombrado, no termino de creérmelo y le pregunto al que me está sirviendo la comida, que me dice que sí, que hay que ir a una reunión de 2 horas y que más adelante me llamarían para ir a probar algún nuevo plato, pagándome 20 francos cada vez.

En el último momento me he enterado de una cosa un poco rara, que es que una camarera irá conmigo a la reunión, camarera que por cierto se ha empeñado en intentar hablarme en español cuando habla bastante peor que yo francés. No me ha quedado demasiado clara su función en todo este tinglado, pero mientras me den de comer y me paguen... Cariño mío, no te preocupes que me vendo fácil por comida pero no tanto.

Tengo la reunión fijada para el lunes que viene, cuando os podré contar más.

lunes, 12 de enero de 2009

Las dos caras de una plancha

Dos jóvenes españoles y de erasmus en Suiza, Mr. A y Mr. B, están contentos: la semana siguiente vuelven a España a pasar unos días de reposo. Además de tener ganas de ver a su familia y de estar con sus allegados, ambos tienen una responsabilidad añadida: participan en el tradicional 'amigo invisible' en las cenas con sus amigos.

Mr. A y Mr. B (llamémoslos A y B) tienen una línea de pensamiento parecida. "Vivo en Suiza, así que si llevo algo típico de aquí, a mi amigo invisible le gustará". ¿Qué hay típico en Suiza?, se preguntan ambos. "Frío, nieve; esto no lo puedo llevar. Bancos, dinero, oro judío; esto no me lo dejarán sacar. Mmm, comida: chocolate, queso, fondue, crepes, raclette... suena bien"

Sin tener muy claro lo que quieren, sus pasos los dirigen a una tienda de electrodomésticos y compran una formidable raclette para dos. Orgullosos, están convencidos de que será un gran regalo



A y B vuelven a casa (los dos son de Zaragoza, ¡otra coincidencia!) y se dedican a comer, descansar, dormir y vivir bien. Y a partir de ahora, traslademos la historia a las entregas de los regalos...

Mr. A ha quedado en un italiano (il Pastificio) con sus amigos, gente con estilo, de buen vestir y refinada conversación. La cena transcurre alegremente, rememorando viejos tiempos (viajes a museos, conferencias magistrales, apasionadas discusiones filosóficas) y planeando futuras excursiones culturales.

Focaccias, ossobucos, pizzas, pastas, canelones y lasañas cubren la mesa, aportando cada alimento vivos colores y vaporosos efluvios, estimulando las pituitarias y los sentidos de los comensales. Los caldos, Reserva, Gran Reserva y algún vino de autor, riegan cada paladar y combinan con cada tenedor.

Al final, plenos y satisfechos, se reparten los regalos con asombradas y sinceras exclamaciones de agradecimiento. Cuando le llega el momento al amigo invisible de Mr. A, el señor Ostalé, Barón de Dyc & Lawson, desenvuelve el paquete con sumo cuidado y sonríe al ver el regalo: "¡una raclette!", exclama. Toda la mesa aprueba la dádiva, comentan las agradables veladas que han pasado alrededor de una raclette y felicitan al Barón por su suerte.

Tras la cena, todos se retiran a sus casas a descansar.

Por su parte, Mr. B ha quedado en el Pasgón, un tugurio en los aledaños del plebeyo mercado central. La mayoría de sus amigos son gente de la peor calaña, informáticos (de La Almunia, para más inri), individuos que sólo saben hacer letritas, sonrisitas o páginas chorras. Para que os hagáis una idea de su moral, hay uno que vive en Luxemburgo. Sobran las palabras.



En la cena, los comentarios soeces y faltos de cualquier gusto y humor cruzan la mesa, formada por jóvenes de ridículos nombres. ¿Qué se puede esperar de personas que se hacen llamar Trol, Plunche, Crash o Tig? Mr. B está un poco descolocado, estos tres meses en Suiza le han abierto los ojos y le han enseñado nuevos horizontes sociales.

Con la misma velocidad que los improperios, anchoas y gambas vuelan de un plato a otro, muchas veces acabando en el mantel o en el suelo, lo cual no es impedimento para que algunos de estos pre-hombres las acaben engullendo. En cuanto a la bebida, un espeso mejunge que la tabernera llama sangría y cerveza, la reina de la bajeza.

Llegado el momento, los asistentes se entregan unos a otros diversas obscenidades, propias de gente cerril. Leticia va a ser la afortunada en recibir el regalo de Mr. B. Sus manos están manchadas de grasa pero no le importa. Se abalanza sobre el regalo, lo abre y muestra la raclette. El resto de asistentes, acostumbrados a pelucas, varitas de Sheilor Moon y globitos, se miran entre si y pronto surge el primer comentario jocoso: "una plancha ¿!". Nadie comprende nada y se preguntan, ¿qué clase de regalo es ese? Yaimenet, el novio de Leticia, se hurga la nariz en busca del postre. Pronto Mr. B es objeto de burlas y demás humillaciones.





Tras la cena, se van en busca de nuevos tugurios y mejunges que beber.



(Si alguno de los afectados quiere que retire su nombre o fotografía, que me lo diga)

jueves, 18 de diciembre de 2008

Cena de navidad, amigo invisible y patetismo regalil

Ayer miércoles fue la cena de navidad en la residencia, a la que estábamos invitados los mismos que al amigo invisible + algún añadido, como el hermano de Diego, que está de visita.

Los italianos hicieron pizza y a los españoles nos pidieron que hiciéramos tortilla de patata, a lo que les respondí que por ahí, que estaba harto de hacer tortillas (hemos hecho 75 huevos en 1 mes y medio) y que esta vez hacíamos otra cosa. Propuse hacer arroz con leche, pero unas chicas se adelantaron diciendo que iban a hacer galletas, así que nos tocaba hacer algo que no fuera postre.

Tenía claro que no quería hacer tortilla, la paella no entraba en mis planes, las tapas tampoco y el gazpacho no era víable. En esto, mi padre sugirió un plato castizo: ¡guacamole!. No engañamos a nadie y todos dijeron que el guacamole era un plato mejicano y no español, pero el plan siguió adelante.

Como casi siempre, envíamos a Ignacio a comprar al supermercado aguacates y nachos. Los primeros tenían el problema de que estamos en Suiza y que no compramos en los mejores supermercados del país y, por lo tanto, estaban bastante -muy- verdes. En cuanto a los nachos, hubo un pequeño fallo de cálculo y tuvimos que ir corriendo a una gasolinera a comprar más.

Siguiendo la receta, partimos todos los ingredientes lo más fino que pudimos y lo echamos todo en un bol grande. He de decir que, una vez lleno de todos los ingredientes, mis esperanzas de obtener un guacamole eran muy escasas: el tenedor se doblaba antes de conseguir chafar siquiera un trocito. Pese a mi desaliento, Ignacio comenzó a usar y buscar diversos utensilios hasta encontrar unas varillas, que salvaron nuestra noche. Usándolas a modo de mortero, conseguimos machacar parte del guacamole y mezclarlo aceptablemente con el tomate y la cebolla. Es una pena pero creo que no hay fotos, y he de decir que al final quedó un guacamole bastante rico, a todo el mundo le gustó y se acabó bastante rápido.

En cuanto al resto, las pizzas estaban muy buenas pero frías, porque cuando acabaron de cocinar la última, hacía un buen rato que había salido la primera. Y las galletas, puf! riquísimas: de mantequilla, de no sé qué y una especie de rosquillas. Para haceros una idea de lo que comí, esta mañana apenas he desayunado, cuando me suelo poner como un cerdillo.

Y ahora, la parte jugosa de la entrada: ¿qué le he regalado a Calzones Man? Lo dejaré para el final, así capturo vuestra atención.

A principios de diciembre, los que quisimos del primer piso pagamos 10 francos a Michael (un veterano de la residencia) para que comprara decoración navideña, árbol incluído (ikea, de plástico). Y debajo de este colocamos los regalos. Subrepticiamente, claro, pues como veréis más adelante, queríamos manetener el anonimato.

Después de cenar y dejar pasar un rato prudencial, todos clamamos por nuestros regalos, y ahí que nos fuimos. En general estuvieron bien, mezcla de regalos de coña con otros que pretendían ser útiles. Por no alargarme, voy a remarcar dos partes de la ceremonia consumista: la patética actuación española y EL PEOR regalo de la noche. Si alguno contaba con la representación hispana para levantar la imagen del país en el exterior, le hemos defraudado. Iré uno por uno:

El más cutre


Alberto, ¿quién si no?

El agraciado
La persona a la que tenía que regalar era difícil: un chico sosete y con el que no tenemos mucho trato. Lo único que sabemos de él es que va un poco de raperillo

El regalo
Una gorra fea

La anécdota
Estaban comprándole el regalo a nacho, vio la gorra y, como el chaval es rapero, pensó que era el regalo perfecto, más aún cuando vió que valía 8 francos y que estaba rebajada un 50%. Coste total, 4Francos (~2.5 euros), cuando el límite era 10.

La reacción
El chaval abre el regalo, mira la gorra, sonríe como si le hubieran pegado una patada en los huevos, y se la pone encima de otra gorra que llevaba. Volvemos a mirar a los 5 min: la gorra ha desaparecido. A los 10 min, la gorra vuelve a la bolsa de plástico de donde nunca debió haber salido.


El peor aconsejado


Nacho

El agraciado
Philippe, un suizo bien majo.

El regalo
Un paquete estándar de café, 3 monedas de chocolate

La anécdota
Nacho y yo fuimos a comprar juntos, y lo único que sabe nacho de philippe es que toma café todas las mañanas, así que yo hice la brillante sugerencia de que le regalara café, pensando en algún paquete pijo o bonito de café. Como no tenemos ni idea de café y Suiza es caro, creo que acabamos cogiendo un café normal y corriente, 8.80 francos (5.5 euros, ¿cuánto vale en España?). Para redondear y llegar a los 10 francos, compró 3 monedas de chocolate.

La reacción
Philippe abre el envoltorio, que era muy bonito, y se queda mirando el café con cara de ¿esto es una broma? Pero es un chico muy correcto y enseguida sonríe y lo agradece en voz alta. Alberto y yo estamos unos sofás más allá riéndonos a más no poder, pero la verdad es que tengo gran parte de culpa.

Para culminar, a Philippe le tocó Nacho y le regaló una caja de galletitas con muy buena pinta.


El más vil


Diego, rectificado por su hermano

El agraciado
Giuseppe, un italiano que estuvo de erasmus en zaragoza y que no habla ni 1 palabra de español pero ama Mercadona (y su cerveza).

El regalo
Dos camisetas

La anécdota
Diego compró el regalo a la vez que Alberto, que siempre es una mala influencia. Había dos camisetas al precio de una, una fea y la otra bonita. Diego las compró para quedarse él con la bonita y regalar la fea, lo que habría resultado un regalo de 3.5 francos. Menos mal que estaba su hermano mayor de visita, que le hizo rectificar y regalar las dos camisetas. Eso sí, envueltas en papel de váter.

Con la cara de bueno que tiene...


Fran (hermano de Diego), Heloise y Diego


La reacción
Nada que remarcar, dos camisetas está bien como regalo.


El menos inspirado


Yo

El agraciado
Ya conocéis a mi amigo Calzoneitor

El regalo
Una bonita caja con un obelisco de chocolate dentro

La anécdota
No hay mucho que contar. Pensé en regalarle un pantalón corto o unos guantes para correr, pero cuando estaba con nacho seleccionando los mejores granos de café, vi un montón de cajas de chocolate muy bonitas y muy bien puestas. En el supermercado lucían muy bien. En mi defensa, diré que me gasté más de 10 francos.

La reacción
El chico no es muy expresivo, pero puso una cara parecida a la de Philippe. Después, sonrió y dió las gracias. Si en el supermercado parecía muy bonita, cuando la sacó de su envoltorio -también bonito-, parecía una mierdecilla.

Y ahora, EL PEOR regalo, que fue para... Diego (¿karma?)

La peor regaladora


Heloise. Esta chica forma parte activa en mis entradas, ¡qué juego da!

El regalo
Una tableta de chocolate del supermercado

La anécdota
La tableta no valdrá más de 3 Francos y, existiendo como existía el posible anonimato, yo me habría escondido si hubiera comprado esa cutrez. Pero Heloise no es así: es una chica segura de si misma y orgullosa de sus acciones. Nada más abrir el envoltorio Diego y flipar con lo que había dentro, ella se plantó delante y proclamó, satisfecha, que el regalo era de su parte, y que si le gustaba. Alberto y yo, que la verdad es que sólo decimos chorradas cuando estamos juntos, nos mirábamos flipando, porque si haces un regalo barato y cutre (como hizo alberto), por lo menos disimula y haz que exista la posibilidad de que esa gorra o esa camiseta sea cara. Pero no, ahí estaba Heloise con su tableta de chocolate.

El próxima día en el súper miraré cuanto cuesta.

La reacción
Diego puso buena cara, qué va a hacer. Lo mejor de todo fue que le tocó aguantar las preguntas de Heloise que si le gustaba, y es que además se la veía muy contenta, porque se lo preguntó varias veces a lo largo de la noche.

Por cierto, a mi me regalaron un vaso escrito. La gracia reside en que está escrito en un mal francés, pero yo no me di cuenta. De hecho, me dijo Michael que así es como habla un Español. ¿Indirecta?

(Siento la fea maquetación de la entrada, pero hace ya unos cuantos años que me di cuenta de que el diseño no es lo mío. Si más adelante tengo más fotos, las pondré.)

viernes, 12 de diciembre de 2008

Amigo invisible

El miércoles celebramos el sorteo de amigo invisible en la residencia. Lógicamente no lo hicimos de toda la residencia (~130), ni siquiera de todo mi edificio (72), sino que nos juntamos 15 del primer piso (el mío y del que conozco a todos), 5 ó 6 del segundo (italianos, a los que también conozco) y un sueco del tercer piso que nadie sabe muy bien por qué apareció, pero ahí estaba.

La cita es a las 9:30. Poco a vamos vamos apareciendo todos, escribimos nuestro nombre en un papel -todos iguales, para evitar trampas- y lo metemos a una bolsa. Simple, todos conocemos el procedimiento.

Cojo la bolsa y me hago responsable de que cada uno coja un papel y -sobre todo- de que Heloise no haga trampas. Aún así, la primera ronda las hace, así que todos devolvemos el papelito y vuelta a repartir, mientras respondo a la mirada de odio de Heloise con una gran sonrisa. Último papel, es mi turno, lo cojo y leo el nombre: Franc.

¿Quién coño es Franc? Sí, la única persona de la sala a la que no conozco, cuyo nombre no sabía y que de manera tan dolorosa acabo de descubrir. El sueco con el que no he hablado en mi vida y del que lo único que sé es que sale a correr con unos pantalones de baloncesto de los años 70, gracias a los cuales Alberto y yo le hemos otorgado el cariñoso apelativo de 'El calzones'.

¿Y ahora qué te regalo, Mr. Calzones?



PD: Por cierto, hoy es mi cumpleaños y he traído tortilla de patata al trabajo. No ha quedado muy allá, le faltaba sal y estaba demasiado hecha. ¡Tendré que seguir mejorando mis habilidades!

viernes, 5 de diciembre de 2008

Repaso rápido

Un repaso rápido, que tengo esto muy abandonado.

Como la mayoría sabréis, el fin de semana pasado hice una visita fugaz a Ejpaña. Lo siento si alguno os sentís ofendido porque no os llamé, pero os podéis imaginar que fue un fin de semana intenso. Durante la semana me levanto pronto, los dos días en España madrugué y los dos días me acosté relativamente tarde. Lo bueno de este ritmo intenso es que soy de fácil de dormir y los viajes se me hicieron cortos: tanto a la ida como a la vuelta dormí en el AVE, en el avión y en el tren a Lausanne. Gimenete estaría orgulloso de mí.

Siguiendo con esta idea de fines de semana intensos, echo la vista atrás y veo que llevo casi 2 meses sin estar 1 fin de semana entero en Lausanne, lo cual está bien pero también es agotador, porque si entre semana duermo una media de 7:15h, los fines de semana esta se reduce a 6. Y el futuro no es prometedor, porque el fin de semana que viene también me voy a esquíar, y el siguiente es probable que también... ¡qué vida más cruenta y terrible!

Mañana (sábado 6 de diciembre) me voy con una organización de estudiantes a Zinal. Salimos mañana a las 6:45 am y vuelvo el domingo a las 19:30... y este fin de semana es más famoso por la fiesta que por el esquí. Espero sobrevivir y conocer gente no española, aunque voy con unos cuantos.

Por cierto, para despistados, el viernes que viene es mi cumpleaños, 12-12, 12 de diciembre, doce de diciembre de dil dovedientos dodenta y dres. Si queréis mandarme regalos, propinas o diversos platos cocinados (o chefs para que los cocinen. Ah, y que también frieguen), ¡ahora es el momento!

Además, os quiero contar la extraña alineación de planetas que se ha dado en Rhodanie, mi residencia: Diego cumple el 11 de diciembre, yo el 12 y Nacho el 13. Habíamos pensado montar una mega fiesta, pero es el último fin de semana del año que todo el mundo está aquí y ya había varias fiestas planificadas, así que es probable que nos vayamos con Laura, Mono & company a la nieve y lo celebremos ahí. Lo único que me fastidia de todo esto es que el día 14 hay otro torneo de squash y me lo perderé, aunque vistas las consecuencias físicas que tuvo sobre mí el último, quizá no es tan malo perdérmelo.

Con el proyecto, como os diría si os tuviera delante: "ahí estoy". Voy avanzando un poco lento pero espero que a partir de ahora se agilice un poco (lo cual siempre pensamos cuando programamos/hacemos letritas/hacemos sonrisas...). Como nota interesante, hay empresas que ha contactado con la mía al enterarse de que hay una versión móvil en desarrollo. No sé si esto de las webs móviles será muy útil, pero lo que es seguro es que hoy en día vende muy bien.

Bueno, un abrazo para todos y que vuestros fines de semana sean más aburridos que los míos