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miércoles, 14 de enero de 2009

El trabajo de mis sueños

El miércoles 14 de enero conseguí mi trabajo soñado: cobrar por comer. Os cuento como fue.

Estoy esperando para coger la comida en una de las cafeterías de la universidad cuando leo en un cartel (traducción aproximada): "Se busca estudiante para probar nuevos platos. Remunerado, 20 francos por cada comida". Asombrado, no termino de creérmelo y le pregunto al que me está sirviendo la comida, que me dice que sí, que hay que ir a una reunión de 2 horas y que más adelante me llamarían para ir a probar algún nuevo plato, pagándome 20 francos cada vez.

En el último momento me he enterado de una cosa un poco rara, que es que una camarera irá conmigo a la reunión, camarera que por cierto se ha empeñado en intentar hablarme en español cuando habla bastante peor que yo francés. No me ha quedado demasiado clara su función en todo este tinglado, pero mientras me den de comer y me paguen... Cariño mío, no te preocupes que me vendo fácil por comida pero no tanto.

Tengo la reunión fijada para el lunes que viene, cuando os podré contar más.

lunes, 12 de enero de 2009

Las dos caras de una plancha

Dos jóvenes españoles y de erasmus en Suiza, Mr. A y Mr. B, están contentos: la semana siguiente vuelven a España a pasar unos días de reposo. Además de tener ganas de ver a su familia y de estar con sus allegados, ambos tienen una responsabilidad añadida: participan en el tradicional 'amigo invisible' en las cenas con sus amigos.

Mr. A y Mr. B (llamémoslos A y B) tienen una línea de pensamiento parecida. "Vivo en Suiza, así que si llevo algo típico de aquí, a mi amigo invisible le gustará". ¿Qué hay típico en Suiza?, se preguntan ambos. "Frío, nieve; esto no lo puedo llevar. Bancos, dinero, oro judío; esto no me lo dejarán sacar. Mmm, comida: chocolate, queso, fondue, crepes, raclette... suena bien"

Sin tener muy claro lo que quieren, sus pasos los dirigen a una tienda de electrodomésticos y compran una formidable raclette para dos. Orgullosos, están convencidos de que será un gran regalo



A y B vuelven a casa (los dos son de Zaragoza, ¡otra coincidencia!) y se dedican a comer, descansar, dormir y vivir bien. Y a partir de ahora, traslademos la historia a las entregas de los regalos...

Mr. A ha quedado en un italiano (il Pastificio) con sus amigos, gente con estilo, de buen vestir y refinada conversación. La cena transcurre alegremente, rememorando viejos tiempos (viajes a museos, conferencias magistrales, apasionadas discusiones filosóficas) y planeando futuras excursiones culturales.

Focaccias, ossobucos, pizzas, pastas, canelones y lasañas cubren la mesa, aportando cada alimento vivos colores y vaporosos efluvios, estimulando las pituitarias y los sentidos de los comensales. Los caldos, Reserva, Gran Reserva y algún vino de autor, riegan cada paladar y combinan con cada tenedor.

Al final, plenos y satisfechos, se reparten los regalos con asombradas y sinceras exclamaciones de agradecimiento. Cuando le llega el momento al amigo invisible de Mr. A, el señor Ostalé, Barón de Dyc & Lawson, desenvuelve el paquete con sumo cuidado y sonríe al ver el regalo: "¡una raclette!", exclama. Toda la mesa aprueba la dádiva, comentan las agradables veladas que han pasado alrededor de una raclette y felicitan al Barón por su suerte.

Tras la cena, todos se retiran a sus casas a descansar.

Por su parte, Mr. B ha quedado en el Pasgón, un tugurio en los aledaños del plebeyo mercado central. La mayoría de sus amigos son gente de la peor calaña, informáticos (de La Almunia, para más inri), individuos que sólo saben hacer letritas, sonrisitas o páginas chorras. Para que os hagáis una idea de su moral, hay uno que vive en Luxemburgo. Sobran las palabras.



En la cena, los comentarios soeces y faltos de cualquier gusto y humor cruzan la mesa, formada por jóvenes de ridículos nombres. ¿Qué se puede esperar de personas que se hacen llamar Trol, Plunche, Crash o Tig? Mr. B está un poco descolocado, estos tres meses en Suiza le han abierto los ojos y le han enseñado nuevos horizontes sociales.

Con la misma velocidad que los improperios, anchoas y gambas vuelan de un plato a otro, muchas veces acabando en el mantel o en el suelo, lo cual no es impedimento para que algunos de estos pre-hombres las acaben engullendo. En cuanto a la bebida, un espeso mejunge que la tabernera llama sangría y cerveza, la reina de la bajeza.

Llegado el momento, los asistentes se entregan unos a otros diversas obscenidades, propias de gente cerril. Leticia va a ser la afortunada en recibir el regalo de Mr. B. Sus manos están manchadas de grasa pero no le importa. Se abalanza sobre el regalo, lo abre y muestra la raclette. El resto de asistentes, acostumbrados a pelucas, varitas de Sheilor Moon y globitos, se miran entre si y pronto surge el primer comentario jocoso: "una plancha ¿!". Nadie comprende nada y se preguntan, ¿qué clase de regalo es ese? Yaimenet, el novio de Leticia, se hurga la nariz en busca del postre. Pronto Mr. B es objeto de burlas y demás humillaciones.





Tras la cena, se van en busca de nuevos tugurios y mejunges que beber.



(Si alguno de los afectados quiere que retire su nombre o fotografía, que me lo diga)

jueves, 18 de diciembre de 2008

Cena de navidad, amigo invisible y patetismo regalil

Ayer miércoles fue la cena de navidad en la residencia, a la que estábamos invitados los mismos que al amigo invisible + algún añadido, como el hermano de Diego, que está de visita.

Los italianos hicieron pizza y a los españoles nos pidieron que hiciéramos tortilla de patata, a lo que les respondí que por ahí, que estaba harto de hacer tortillas (hemos hecho 75 huevos en 1 mes y medio) y que esta vez hacíamos otra cosa. Propuse hacer arroz con leche, pero unas chicas se adelantaron diciendo que iban a hacer galletas, así que nos tocaba hacer algo que no fuera postre.

Tenía claro que no quería hacer tortilla, la paella no entraba en mis planes, las tapas tampoco y el gazpacho no era víable. En esto, mi padre sugirió un plato castizo: ¡guacamole!. No engañamos a nadie y todos dijeron que el guacamole era un plato mejicano y no español, pero el plan siguió adelante.

Como casi siempre, envíamos a Ignacio a comprar al supermercado aguacates y nachos. Los primeros tenían el problema de que estamos en Suiza y que no compramos en los mejores supermercados del país y, por lo tanto, estaban bastante -muy- verdes. En cuanto a los nachos, hubo un pequeño fallo de cálculo y tuvimos que ir corriendo a una gasolinera a comprar más.

Siguiendo la receta, partimos todos los ingredientes lo más fino que pudimos y lo echamos todo en un bol grande. He de decir que, una vez lleno de todos los ingredientes, mis esperanzas de obtener un guacamole eran muy escasas: el tenedor se doblaba antes de conseguir chafar siquiera un trocito. Pese a mi desaliento, Ignacio comenzó a usar y buscar diversos utensilios hasta encontrar unas varillas, que salvaron nuestra noche. Usándolas a modo de mortero, conseguimos machacar parte del guacamole y mezclarlo aceptablemente con el tomate y la cebolla. Es una pena pero creo que no hay fotos, y he de decir que al final quedó un guacamole bastante rico, a todo el mundo le gustó y se acabó bastante rápido.

En cuanto al resto, las pizzas estaban muy buenas pero frías, porque cuando acabaron de cocinar la última, hacía un buen rato que había salido la primera. Y las galletas, puf! riquísimas: de mantequilla, de no sé qué y una especie de rosquillas. Para haceros una idea de lo que comí, esta mañana apenas he desayunado, cuando me suelo poner como un cerdillo.

Y ahora, la parte jugosa de la entrada: ¿qué le he regalado a Calzones Man? Lo dejaré para el final, así capturo vuestra atención.

A principios de diciembre, los que quisimos del primer piso pagamos 10 francos a Michael (un veterano de la residencia) para que comprara decoración navideña, árbol incluído (ikea, de plástico). Y debajo de este colocamos los regalos. Subrepticiamente, claro, pues como veréis más adelante, queríamos manetener el anonimato.

Después de cenar y dejar pasar un rato prudencial, todos clamamos por nuestros regalos, y ahí que nos fuimos. En general estuvieron bien, mezcla de regalos de coña con otros que pretendían ser útiles. Por no alargarme, voy a remarcar dos partes de la ceremonia consumista: la patética actuación española y EL PEOR regalo de la noche. Si alguno contaba con la representación hispana para levantar la imagen del país en el exterior, le hemos defraudado. Iré uno por uno:

El más cutre


Alberto, ¿quién si no?

El agraciado
La persona a la que tenía que regalar era difícil: un chico sosete y con el que no tenemos mucho trato. Lo único que sabemos de él es que va un poco de raperillo

El regalo
Una gorra fea

La anécdota
Estaban comprándole el regalo a nacho, vio la gorra y, como el chaval es rapero, pensó que era el regalo perfecto, más aún cuando vió que valía 8 francos y que estaba rebajada un 50%. Coste total, 4Francos (~2.5 euros), cuando el límite era 10.

La reacción
El chaval abre el regalo, mira la gorra, sonríe como si le hubieran pegado una patada en los huevos, y se la pone encima de otra gorra que llevaba. Volvemos a mirar a los 5 min: la gorra ha desaparecido. A los 10 min, la gorra vuelve a la bolsa de plástico de donde nunca debió haber salido.


El peor aconsejado


Nacho

El agraciado
Philippe, un suizo bien majo.

El regalo
Un paquete estándar de café, 3 monedas de chocolate

La anécdota
Nacho y yo fuimos a comprar juntos, y lo único que sabe nacho de philippe es que toma café todas las mañanas, así que yo hice la brillante sugerencia de que le regalara café, pensando en algún paquete pijo o bonito de café. Como no tenemos ni idea de café y Suiza es caro, creo que acabamos cogiendo un café normal y corriente, 8.80 francos (5.5 euros, ¿cuánto vale en España?). Para redondear y llegar a los 10 francos, compró 3 monedas de chocolate.

La reacción
Philippe abre el envoltorio, que era muy bonito, y se queda mirando el café con cara de ¿esto es una broma? Pero es un chico muy correcto y enseguida sonríe y lo agradece en voz alta. Alberto y yo estamos unos sofás más allá riéndonos a más no poder, pero la verdad es que tengo gran parte de culpa.

Para culminar, a Philippe le tocó Nacho y le regaló una caja de galletitas con muy buena pinta.


El más vil


Diego, rectificado por su hermano

El agraciado
Giuseppe, un italiano que estuvo de erasmus en zaragoza y que no habla ni 1 palabra de español pero ama Mercadona (y su cerveza).

El regalo
Dos camisetas

La anécdota
Diego compró el regalo a la vez que Alberto, que siempre es una mala influencia. Había dos camisetas al precio de una, una fea y la otra bonita. Diego las compró para quedarse él con la bonita y regalar la fea, lo que habría resultado un regalo de 3.5 francos. Menos mal que estaba su hermano mayor de visita, que le hizo rectificar y regalar las dos camisetas. Eso sí, envueltas en papel de váter.

Con la cara de bueno que tiene...


Fran (hermano de Diego), Heloise y Diego


La reacción
Nada que remarcar, dos camisetas está bien como regalo.


El menos inspirado


Yo

El agraciado
Ya conocéis a mi amigo Calzoneitor

El regalo
Una bonita caja con un obelisco de chocolate dentro

La anécdota
No hay mucho que contar. Pensé en regalarle un pantalón corto o unos guantes para correr, pero cuando estaba con nacho seleccionando los mejores granos de café, vi un montón de cajas de chocolate muy bonitas y muy bien puestas. En el supermercado lucían muy bien. En mi defensa, diré que me gasté más de 10 francos.

La reacción
El chico no es muy expresivo, pero puso una cara parecida a la de Philippe. Después, sonrió y dió las gracias. Si en el supermercado parecía muy bonita, cuando la sacó de su envoltorio -también bonito-, parecía una mierdecilla.

Y ahora, EL PEOR regalo, que fue para... Diego (¿karma?)

La peor regaladora


Heloise. Esta chica forma parte activa en mis entradas, ¡qué juego da!

El regalo
Una tableta de chocolate del supermercado

La anécdota
La tableta no valdrá más de 3 Francos y, existiendo como existía el posible anonimato, yo me habría escondido si hubiera comprado esa cutrez. Pero Heloise no es así: es una chica segura de si misma y orgullosa de sus acciones. Nada más abrir el envoltorio Diego y flipar con lo que había dentro, ella se plantó delante y proclamó, satisfecha, que el regalo era de su parte, y que si le gustaba. Alberto y yo, que la verdad es que sólo decimos chorradas cuando estamos juntos, nos mirábamos flipando, porque si haces un regalo barato y cutre (como hizo alberto), por lo menos disimula y haz que exista la posibilidad de que esa gorra o esa camiseta sea cara. Pero no, ahí estaba Heloise con su tableta de chocolate.

El próxima día en el súper miraré cuanto cuesta.

La reacción
Diego puso buena cara, qué va a hacer. Lo mejor de todo fue que le tocó aguantar las preguntas de Heloise que si le gustaba, y es que además se la veía muy contenta, porque se lo preguntó varias veces a lo largo de la noche.

Por cierto, a mi me regalaron un vaso escrito. La gracia reside en que está escrito en un mal francés, pero yo no me di cuenta. De hecho, me dijo Michael que así es como habla un Español. ¿Indirecta?

(Siento la fea maquetación de la entrada, pero hace ya unos cuantos años que me di cuenta de que el diseño no es lo mío. Si más adelante tengo más fotos, las pondré.)

viernes, 12 de diciembre de 2008

Amigo invisible

El miércoles celebramos el sorteo de amigo invisible en la residencia. Lógicamente no lo hicimos de toda la residencia (~130), ni siquiera de todo mi edificio (72), sino que nos juntamos 15 del primer piso (el mío y del que conozco a todos), 5 ó 6 del segundo (italianos, a los que también conozco) y un sueco del tercer piso que nadie sabe muy bien por qué apareció, pero ahí estaba.

La cita es a las 9:30. Poco a vamos vamos apareciendo todos, escribimos nuestro nombre en un papel -todos iguales, para evitar trampas- y lo metemos a una bolsa. Simple, todos conocemos el procedimiento.

Cojo la bolsa y me hago responsable de que cada uno coja un papel y -sobre todo- de que Heloise no haga trampas. Aún así, la primera ronda las hace, así que todos devolvemos el papelito y vuelta a repartir, mientras respondo a la mirada de odio de Heloise con una gran sonrisa. Último papel, es mi turno, lo cojo y leo el nombre: Franc.

¿Quién coño es Franc? Sí, la única persona de la sala a la que no conozco, cuyo nombre no sabía y que de manera tan dolorosa acabo de descubrir. El sueco con el que no he hablado en mi vida y del que lo único que sé es que sale a correr con unos pantalones de baloncesto de los años 70, gracias a los cuales Alberto y yo le hemos otorgado el cariñoso apelativo de 'El calzones'.

¿Y ahora qué te regalo, Mr. Calzones?



PD: Por cierto, hoy es mi cumpleaños y he traído tortilla de patata al trabajo. No ha quedado muy allá, le faltaba sal y estaba demasiado hecha. ¡Tendré que seguir mejorando mis habilidades!

jueves, 16 de octubre de 2008

Malinterpretaciones de la lengua

La semana pasada era el ultimo día de trabajo del que hasta entonces había sido mi compañero, Martijn. En las 3 semanas que estuvimos juntos llegamos a llevarnos bastante bien. De hecho, el primer dia nos fuimos a comer juntos, se le olvidó la cartera y tuve que dejarle dinero. El segundo día fuimos a comer juntos, se le olvidó la cartera y tuve que dejarle dinero. Ya sospechaba que era una táctica para:

a) amedrentar al nuevo
b) deshacerse de mí; estaba muy bien solo
c) sacarse comidas gratis

Pero no. El tercer día no sólo me devolvió lo de los 2 días anteriores sino que fui yo -en una venganza inconsciente- el que se olvidó la cartera y al que tuvo que dejarle dinero. Después de un inicio así, estábamos preparados para grandes intimidades.

Como decía, se fue la semana pasada. Pocos días antes de irse me dijo que había cenado en un restaurante caro. Le habían dado jamon con tostadas (bocadillo de jamón pero version 60€) y le había gustado mucho. Le dije que tenía jamón en casa y se le pusieron los ojos como platos, así que le prometí que antes de que se fuera llevaría al trabajo.

Y dicho y hecho, el martes por la noche, a la vez que metía el ordenador metí no solo un paquete de jamon sino -con mucho dolor y sacrificio- también uno de lomo. En el trabajo somos 6 o 7, con lo que un paquete de jamon no habría sido suficiente.

Miércoles, media mañana, las 11:30, el hambre empieza a apretar.

(transcribo en inglés porque este es un blog de la élite intelectual, así que todos lo entenderéis)

- Martijn, I've brought a gift

Me agacho a la mochila y saco el paquete de jamon y de lomo, mi estomago ruge; Ignacio lo mira con hambre y Tobias (aleman), a pesar de no saber muy bien lo que es, deja lo que está haciendo y se prepara para almorzar.

- Oh, thank you! -dice Martijn sonriendo. Coge el paquete de jamon, coge el paquete de lomo, los mira, sonríe; me vuelve a decir gracias... y los mete a su mochila -

Es uno de esos momentos en los que la fuerza del impacto es tal que no sabes responder; soy consciente de que el fallo está en una palabra: gift. Pero en la cultura española está tan arraigado que si te regalan algo de comer -¡y en el trabajo a la hora del almuerzo!!!- tienes que compartirlo, que no soy capaz de reaccionar o -mas bien- no encuentro la manera de decir -¡de gritar!- que esa comida es para todos. Me resigno: he fracasado.

El día pasa, Martijn y yo nos despedimos pero yo sé -él no- que la relación entre nosotros nunca volverá a ser la misma: me he quedado sin jamon, sin lomo y con hambre. Y con ninguna de estas 3 cosas se juega, chaval. Algún día volverás, algún día te olvidarás la cartera; yo te estaré esperando y cuando me pidas dinero te diré dónde está mi jamón y mi lomo ahora, eh, ¿¿¿EH???

viernes, 3 de octubre de 2008

Mi mamá china en Suiza

Segunda entrada consecutiva donde menciono a mi madre, ¡lo siento Mamá, sé que no te gusta! Pero es que esto te va a gustar aún menos: he encontrado otra mamá en Suiza.

El miércoles fue el día de la adopción. Llego de trabajar, las 6, estoy cansado pero decidido a hacer deporte, y es que si no me pego el día sentado y sin hacer nada interesante. Voy hacia mi habitación y un delicioso olor me aborda desde la cocina. Husmeo un poco el aire, snif, snif, ummm, comida china... asomo la cabeza y veo a María (mejicana) y a Senyu (o algo parecido) haciendo una especie de tortillas de harina, tipo pan de pita, y cocinando diversas cosas.

Entro, saludo, y estoy un rato hablando con ellas. Estoy ahí 10 minutos viendo como cocinan y generando jugos gástricos (normalmente como a la 1, así que a las 6 tengo hambre), y por fin decido ir a correr. Tímidamente les digo que me guarden algo "para probar".

Vuelvo de correr, estoy cansado y sudado y me dirijo a mi habitación, pero ahí está Senyu con comida esperándome. Me siento, cojo un trozo de tortilla, pongo un poco de relleno (vegetal) y lo pruebo: buenísimo. Deben verme ojos ansiosos (ya sabéis como soy con la comida) porque me dicen que coja sin miedo, y acabo comiendo el que más: revuelto de una planta china extraña, una sopa densa y más pan con vegetales. Me despido satisfecho y agradeciendoselo mucho a la mujer, que se pone muy contenta de que me guste su comida:



Según consigo entender, se va mañana jueves a algún lado, pero no sé donde.

Jueves

Vuelvo de trabajar, las 6:30. Entro a la cocina pero ahí no hay nadie, pero sí que hay un perolo de sopa china... Voy hacia mi habitación y de repente escucho a María y Senyu bajando. Parece que no se ha ido! Pienso rápido y ruinmente: me hago el remolón en la puerta, hago un poco de tiempo y cuando ellas van a salir de la escalera, ¡tachán!, hago como que acabo de llegar: ¡funciona! Me tomo dos cuencos de sopa china (esta vez con harina, mejor que la anterior) y más revuelto.

Me vuelvo a despedir feliz y contento, pero parece que hoy o mañana se va definitivamente.

Viernes

Vuelvo de trabajar y me voy a hacer la compra. A las 7:15 llego a casa, voy a mi cuarto y vacío la mochila, salgo a la cocina... ¡y ahí está Senyu! ¡Y con una cacerola con sopa! Me ha dicho que ella ya ha cenado, pero que cuando cene coja un poco de sopa, y eso voy a hacer ahora, osea que si me disculpáis, estaré tomando sopa china :-)

PD: Creo que mañana se va. O eso he vuelto a entender, vaya. Igual cuando dice "I am leaving tomorrow" en realidad quiere decir "Tomorrow I will feed you again". Yo sólo sonrío.

jueves, 25 de septiembre de 2008

¡Mamá, salgo en internet!

Pues sí señores, soy famoso: salgo en una importante página como parte fundamental del equipo de desarrollo.

Resulta que "mi" empresa está en la final de un premio bastante importante (dan medio millon de euros...), y el primer día que llegúe me dijeron "hay foto de equipo", así que me planté en primera fila para que vieran quien lleva realmente en la empresa además de, por supuesto, ser el más guapo y apuesto.

Aquí me podéis ver!

De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Jochen (mi jefe), Jeffrey (otro jefe), Martijn, Markus, Yo y Laurent.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Pichuel está en Lausanne

Pues sí, como lo oís: he encontrado el famoso pueblo de Pichuel, y está en Lasaunne.

No ha sido un descubrimiento intencionado; de hecho, no es posible llegar a Pichuel si de verdad quieres llegar, es él el que decide si llegas o no.

No sé si es legal, pero aquí está el mapa de Lausanne con la localización de Pichuel y otros sitios de interés:



La línea azul es el camino óptimo a mi residencia: 20-25 minutos
La línea roja es el camino que me hicieron tomar las sirenas de pichuel: 1 hora

Podrían haber elegido otra hora para llevarme a su precioso pueblo, porque a las 3 de la mañana no acabé de disfrutar del paisaje, pero nunca puedes rechazar una invitación del alcalde de Pichuel... nunca sabes si habrá una siguiente.

Otra experiencia que me ha aportado la visita a Pichuel ha sido descubrir que los Lausaneses no frecuentan los prostíbulos, la calle estaba totalmente desierta, aunque pensándolo bien, es probable que fueran los Pichuelenses los que la vacíaran para que llegara a su pueblo sin incidentes.

Ahora bien, todos sabemos que Pichuel está en todas partes... ¿dónde más habéis encontrado Pichuel?